¿Por qué necesitamos los argentinos que siempre nos den una alegría desde afuera?

21.07.2026
Imagen generada con IA
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Nadie entiende en el exterior, ¿qué nos pasa? ¿Por qué tanta euforia? ¿Por qué tanta garra y festejos extremos después de cada partido mundialista? Eso que ven con curiosidad y agrada mucho, tiene un trasfondo mucho más profundo, y quizás triste.

Podrás decir: ¿Quién soy yo para explicarlo? Si soy piloto y escritor, y no un sociólogo. La realidad es que cada uno es un universo inmenso, infinito.

Hoy intenté ponerlo en palabras y explicarle al mundo que mira con extrañeza todas las reacciones del público argentino frente a cada triunfo de la selección.

Jason Bourne (Matt Damon) explicó que ir a la Bombonera fue una de sus experiencias más extremas. Ese día, un familiar le dijo: "Sin mujeres, y sin chicos". Era como ir a la guerra. Pero ¿Cuál es la verdadera guerra que enfrentamos los argentinos? Me iba a excluir, pero no sería justo.

¿Por qué necesitamos los argentinos que siempre nos den una alegría? Una alegría desde afuera. Parece un mandato impuesto. Hay que traer la copa, nuestros deportistas deben ser los mejores. Los segundos puestos no cuentan. Recuerden el caso Reutemann si no.

La pregunta sería: ¿Por qué le exigen al deportista de élite, al equipo, lo que el hincha es incapaz de lograr? ¿Por qué no son capaces las personas, los ciudadanos de buscar su propio éxito? ¿Su propia felicidad? ¿Tan incapaces somos como pueblo o como sociedad? Es en mi opinión y puede sonar fuerte, una realidad absoluta, falta de educación, falta de metas o simplemente pobreza mental. Es hermoso disfrutar un triunfo, pero lo sano sería que fuera un complemento de nuestras propias alegrías y realidades. El triunfo en un partido o campeonato no debería ser el fin último. La alegría absoluta no puede recaer en Messi, en Scaloni, o en Lautaro salvándonos en los últimos minutos. Menos en las manos del Dibu Martinez, aunque casi lo logra. Son seres humanos, como vos, como yo. Pueden fallar, puede no salirles ese día. Aunque se tilde a Messi de extraterrestre, realmente no lo es. Es un mortal más, con grandes virtudes. Pero un mortal, al fin.

La satisfacción del hincha por los resultados está bien, pero no nos olvidemos que somos individualidades. Venimos solos y morimos solos.

Argentinos, a replantearnos la forma de sentir, de vivir, y también de celebrar.

Muchas veces se mezcla el festejo, con el ademán, la barbarie; una fiereza digna del hombre de las cavernas. Es lo único positivo que encuentro en haber perdido la final de la Copa del mundo en manos de España. ¿Qué hubiera sido del centro de Buenos Aires, y los barrios? Siempre en medio del festejo aparece vandalismo, violencia, que termina con intervención policial. Las calles se mantuvieron limpias y tranquilas. Los animales domésticos felices de escuchar el silencio. ¿Hubieran realmente existido dos días de asueto por hacernos de la copa? ¿No sería demasiado?

Considero de una precariedad absoluta, sentarnos frente a un televisor o asistir desde la tribuna a que los otros nos den la alegría que somos incapaces de gestionar por nuestros propios medios. ¿Acaso somo marionetas articuladas? ¿Títeres manejados por hilos?

El cuerpo técnico se abraza con los pares contrarios, los jugadores se felicitan y cambian la camiseta, pero en la calle se ve muchas veces otra cosa. La disputa, la riña.

Perdón por estas duras palabras. Son un despertador fuerte en la madrugada. Todavía estamos en los albores de lo que podemos ser como sociedad. No les pido que limpien el estadio cuando termina el partido, como hacen los japoneses, porque decididamente eso nunca va a suceder. Vayan a una plaza el día después al festejo del día de la primavera que coincide con el día del estudiante. Comprobarán lo que les digo…

La identidad de un país no es un partido de fútbol y mucho menos una copa. Deberíamos poder levantar nuestra copa, la copa de nuestra vida. Y celebrarla desde el interior. Hay tanto libros de autoayuda, tantos gurús que nos informan el cómo.

Necesitar sí o sí de la alegría generada por una competencia, que nos refuerce la identidad, significa un vacío social. Hay una vida fuera del contagio colectivo de festejo. Recuerden: Deben levantar la copa, pero la copa de su propia vida. Ahí está el verdadero triunfo. El argentino se elevaría a otro nivel. ¿Por qué no sacamos las banderas y vamos al obelisco un 25 de mayo, o un 9 de julio? ¿Por qué no somos nacionalistas fuera de la época mundialista? ¿Es acaso la mezcla de razas que habita nuestro país el origen de la apatía generalizada en esos días patrios tan importantes?

¡Vamos que podemos! Y aunque el mundo se extrañe de nuestros descomunales festejos, y lo celebren, aunque llenemos el Time Square de NY en la víspera de la final, dejemos de expresarnos con ese grito desesperado de quién no puede más y necesita del empujón externo.

¿Habremos hecho el esfuerzo suficiente como sociedad? Seguramente que no.

Se nos acostumbró a que todo debe venir dado. Busquemos nuestros logros, como podamos, con las herramientas que tenemos. ¿Acaso la selección, como buen ejemplo de resiliencia, no torció un 0-2 en los últimos 10' de partido frente a Egipto?

Nosotros también podemos golear como sociedad. Solo hace falta dar el máximo. Tomando cerveza y esperando el partido del Domingo para sentirnos vivos, no vamos a ningún lado.

¿Acaso Messi no es un dotado e hizo mil esfuerzos? Entrenó, jugó, renunció, volvió, se reinventó y perfeccionó. Volvió más fuerte que nunca y se convirtió en mi opinión en el mejor atleta de todos los tiempos. Sigamos ese ejemplo desde la individualidad. Todos unidos construiremos una sociedad superadora. Esfuerzo y persistencia. Esa es la verdad absoluta.

¿Qué las cosas nos lluevan desde el cielo? Eso nunca sucederá. No sucedió en los últimos cien años, ¿Qué esperan? ¿Qué les solucionen la vida desde afuera? Eso nunca, jamás sucederá en la República Argentina.

Christian G. Carollo

Escritor/ Piloto.

@elpilotqueescribe

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